Goya
Un piso de los años veinte recupera su esencia clásica mediante una intervención que reinterpreta el lenguaje Beaux Arts desde una mirada serena y contemporánea. La vivienda se organiza en torno a un patio central que aporta luz y vertebra la distribución, haciendo que todas las estancias graviten a su alrededor.
Se proyectan espacios fluidos e interconectados, delimitados por elegantes mamparas acristaladas de carpintería curva que se convierten en el principal gesto ornamental.
Molduras, roble natural, textiles cálidos y una paleta neutra refuerzan una atmósfera luminosa, equilibrada y atemporal, donde tradición y modernidad conviven con naturalidad. Cada estancia gana amplitud visual, continuidad espacial y una relación constante con la luz interior del patio central.